CON OJOS ESPIRITUALES

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CON OJOS ESPIRITUALES

Texto Bíblico: 1 Samuel: 1

Es muy común en nuestra sociedad que unos a otros saquemos conclusiones de personas y situaciones cuando estas se contradicen con lo que pensamos o vivimos. Los seres humanos somos proclives a mirar a otros y crear historias que no siempre concuerdan con la realidad.

Pero, ¿qué sucede cuando sacamos conclusiones y nos atrevemos a emitir juicios de valor sin conocer el fondo y trasfondo de nuestro prójimo?. Es más,  ¿qué sucede cuándo nos apresuramos a reclamar a Dios por lo que estamos viviendo?

1 de Samuel capítulo 1 siempre será un claro ejemplo que sacar conclusiones aceleradas no es prudente y aleja las bendiciones de Dios en nuestras vidas.

Así, mientras Ana no buscó al Señor en actitud de humildad y sencillez de espíritu, para contarle su problema y deseo de ser madre, estuvo llorando, con pérdida de apetito, con corazón afligido e insatisfecha con su matrimonio. Pero, cuando se acercó al Señor y derramó su alma ante Él, sus ojos espirituales se abrieron y pudo entregar sus cargas a Aquel que podía aliviar su alma del dolor y quien podía responder su oración según su plan perfecto.

Al final, el Señor trajo paz a su alma porque el Espíritu Santo llenó su ser para que pueda ver más allá de su esterilidad y así poder ser una mujer y esposa alegre. La Biblia dice que Ana, después de este encuentro espiritual con Dios: “…se fue por su camino, y comió, y no estuvo más triste.” Por su parte, Dios oyó su oración y le concedió el privilegio de ser madre de seis hijos. Uno de ellos llegó a ser el gran profeta Samuel.

Pero, en esta  misma historia tenemos a un sacerdote llamado Elí que, cuando vio a Ana postrada ante el Señor derramando lágrimas, se apresuró a juzgarla y la llamó “ebria”… ¿qué pasaba con este hombre de Dios que no pudo discernir que esta mujer sólo quería hablar con el Señor y que sólo deseaba palabras que alivien su dolor?

Cuando el sacerdote Elí vio a Ana con ojos espirituales, entonces, pudo darle palabras de aliento, consuelo y que confirmaban las palabras de Dios en su Palabra. La Biblia nos dice que Elí le dijo a Ana: “Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho”

Amigo, ¿en cuál de estas dos escenas usted se ubica? ¿En Ana, la que se estresaba y deseaba que sus problemas se acabaran y, con su actitud renegaba de la vida que Dios le daba junto a su esposo? O, ¿quizás del lado del sacerdote Elí juzgando la vida de los que lo rodean en lugar de pronunciar palabras que ayuden y restauren?

No se olvide, amigo, que sólo la llenura del Espíritu en nuestras vidas nos permite abordar las situaciones que nos rodean como lo haría Cristo. Mirar con ojos humanos (no espirituales) detiene las bendiciones que Dios nos puede dar en medio de las aflicciones, y a su vez impide que seamos de bendición para con los que necesitan escuchar una palabra de aliento que traiga paz y descanso a sus vidas atribuladas.

Elí perdió la oportunidad de continuar ministrando en el templo por su apresuramiento en juzgar a los demás y por su falta de espiritualidad en el ministerio sacerdotal que tenía. Por el contrario, Ana supo entender el significado de vivir bajo la voluntad y cobertura de Dios, recibiendo el privilegio de ministrar en su hogar a los hijos que el Señor le dio y viendo con gozo cómo su primogénito se convertía en un gran siervo de Dios.

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados,

y yo os haré descansar.”

(Mateo 11:28)

¡Dios lo bendiga!

Fuente: zoilacevallos.blogspot.com

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